martes, 11 de febrero de 2014
LA NIEVE QUE CAMINA
Un día vi caminar ese manto blanco con su estruendoso silencio cabalgando por las calles de una ciudad aún durmiendo. Su delicada pose me envolvía como la fragancia del papiro en una secuencia de vidas anteriores. Era ese aroma que recordaba, pero nunca había olido. Seguramente una vida anterior sumergió como un recuerdo mágico. La nieve límpida y suave seguía cayendo sobre las aceras y al pisarla hacía un sonido reconfortante. Crujía como apelmazándose, pero no era el desagradable crujido de un hueso. Una sensación extraña te invade. El frío manto cubría las imperfecciones de esa ciudad manchada y sucia. Era una transformación de imagen, una nueva y distinta visión de aquel paisaje cotidiano que cruzaba todos los días. Era una sensación nueva al que daba la bienvenida con una alegría palpitante. Las células del cuerpo parecían rejuvenecer en el ambiente frío de aquella calle de impoluta blancura.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario